1911. Chica luesiana va por primera vez a trabajar la alpargata en Mauleón (Francia)
Hoy me he enterado de algo que más parece un cuento que una historia de verdad. Estoy acostumbrada a oír las fantásticas historias que la seña Petra, de casa Metruco, nos cuenta a los zagales algunas tardes, sentados en el banquero de casa Murriones, pero lo de hoy es todavía más increíble.
Gregoria, una vecina de mi calle, me ha contado que dentro de un mes se marcha a Francia a trabajar en una fábrica donde hacen alpargatas. Y que con ella van otras chicas y mujeres de Luesia.
Al principio no la he creído pues, aunque sé muy poco de otros pueblos, me imagino que esa Francia está muy, pero que muy lejos del nuestro. Y encima me dice que van caminando…
Según me iba contando recordé que Gregoria desaparecía de Luesia poco después de las fiestas de septiembre y tardaba mucho tiempo en volver.
Qué extraño que nunca haya oído decir nada de esto en el pueblo, con lo que nos gusta charrar de todo y de todos. Me ha aclarado que era algo que no se decía y se guardaba en secreto en las familias, pero que me lo decía ahora porque ya tengo 14 años y a lo mejor me interesaba ir con ellas este año. Gregoria, que tiene ya 18 años, me ha seguido contando que van a Francia para ayudar en casa, donde las cosas no van muy allá. Aunque yo sólo tengo 14 años veo que también en mi casa vamos escasos. Con lo poco que se saca del trigo, el huerto, las 2 cabras, el cerdo y algunas gallinas nos da tan apenas para no pasar hambre, sobre todo teniendo en cuenta que somos 6 en casa: mis padres y 4 hijos, yo la segunda.
He vuelto a hablar con Gregoria y ha seguido contándome cosas:
Como ya me dijo el primer día, hacen todo el viaje caminando. Cogen el camino que va río Arba arriba, siguen por Sibrana y todos esos montes altos que vemos desde el pueblo, y luego otras y otras montañas hasta llegar a una hondonada por donde pasa el río Aragón. Lo cruzan y pasan por pueblos cada vez más altos, hasta llegar a unas montañas muy altas que llaman Pirineos.
Aquí es donde empiezan los problemas de verdad, pues el terreno es difícil y lleno de barrancos profundos por los que hay que caminar con mucho cuidado para no caer al vacío.
El problema es aún mayor cuando empiezan a caer las primeras nevadas y el suelo se convierte en un barrizal. Cuenta que alguna persona ha fallecido por el frío y las fuertes nevadas, aunque nunca les ha pasado a ellas.
Al otro lado de los Pirineos está Francia y, según dice, allí las recogen en carretas y las acercan hasta la ciudad donde están las fábricas. Mauléon, dice que se llama.
Una vez llegan a Mauleón son acogidas en casas de otros españoles que llegaron antes que ellas y se establecieron allí, o en casas de franceses donde les dan alojamiento. La parte de Mauleón donde viven se llama “la haute ville”, que a saber qué querrá decir eso.
Las condiciones de trabajo son duras, con jornadas largas de hasta 12 horas diarias, de 7 a 7, pero son jóvenes y lo aguantan. Eso sí, para ellas son los peores trabajos, incluso cobran bastante menos que los hombres haciendo el mismo trabajo.
Finalmente, cuando llega la primavera vuelven a Luesia, haciendo el mismo camino al revés. Y traen lo que han podido comprar con los sueldos recibidos, porque parece ser que no pueden pasar a España el dinero francés.
Esta parte de su historia es la que más me ha gustado, pues traen cosas bonitas que no se ven por aquí: vajillas y ropajes, puntillas, calderos, hasta juegos de café de porcelana.
¡¡Uff, después de tantas charradas con Gregoria tengo la cabeza que me va a estallar!! Ella sigue animándome a ir con el grupo. Voy a hablar con mis padres, aunque no creo que me pongan impedimentos. Estamos en septiembre, las faenas de siega y trilla han terminado, el invierno se acerca y poco puedo hacer para ayudar en casa. Además, si me voy a Francia habrá una boca menos que alimentar… y encima traeré cosas para la casa cuando vuelva en primavera.
He hablado con mis padres. Se han extrañado de lo que les he contado con tanto detalle, aunque algo habían oído. Y me han dicho: a ver, Guadalupe, con solo 14 años no sabemos si podrás hacer el camino sin perjudicar al grupo. Yo también dudo de mis fuerzas, pero cada día que pasa estoy más ilusionada con ir a trabajar a Francia.
Las charradicas que Gregoria y yo nos hemos pegado durante todo el mes hacen que poco a poco me vaya convenciendo y pierda los temores que tenía al principio. Además, me gusta la idea de salir del pueblo y conocer Francia, otras personas, otras costumbres…
Y por fin ha llegado el día tan esperado y temido, 7 de octubre, festividad de la Virgen del Rosario. A ella me acojo y, como no podía ser de otra manera, a nuestra querida Virgen del Puyal, desde cuya ermita sobre un cerro nos protege.
¡¡Ay!! Tengo el corazón en un puño cuando me despido de mis padres y hermanos, cojo mi hatillo con un par de mudas y me uno a Gregoria y otras 10 luesianas que formamos este año el grupo, y echamos a andar por el camino del Arba.
Más allá, desconozco todo. El grupo, como una piña, hará posible llegar a nuestro destino; al menos eso espero…
Continuará. Feli Cortés Aibar
Tras el relato-regalo de Maite Ojer, nos llega este otro de Feli Cortés desde el Barrio de la Virgen, barrio de alpargateras. ¿Y si lo que nos cuenta Feli fue cierto y verdad? Es muy posible que así fuera. Ella nos lo acerca de forma clara, sencilla y con mucho cariño. Muchas gracias.
Recomiendo su lectura como homenaje a las mujeres luesianas golondrinas alpargateras a principios del siglo XX, como Andresa Diarte Hecho, Benita Pueyo Aruej, Ciriaca Aquillué Loarre, Dorotea Heras Aquillué, Fernanda García Aragüés, Florentina Aquillué Loarre, Gregoria Compaired Luna, Gregoria García Pueyo, Gregoria Martínez Casabona, Guadalupe Sánchez García, Josefa Cardiel, Josefa Sabalza, Juliana Arteaga, Justa Garcés Caraballo, Justina García, Leona García Ojer, María Aquillué Loarre, Pascuala Arteaga, Pascuala Diarte Diarte, Pedro Compaired Luna, Petra Sánchez y Teodora Sánchez García...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comenta