domingo, 28 de junio de 2026

ELENA. LA ÚLTIMA ERMITAÑA. Colabora: Feli Cortés Aibar

 Elena, la ermitaña.

Elena, la última ermitaña de Luesia.

“En el extremo noreste del casco urbano de Luesia se alza, sobre una loma, la ermita de Ntra. Sra. La Virgen del Puyal, más conocida como La Virgen, sin más.

Durante muchos años, al menos 3 generaciones de la familia Sabalza se han dedicado a cuidar con esmero de esta ermita, manteniéndola en buenas condiciones y con su puerta abierta todo el día, para quien quisiera subir a rezar a su Virgen.

La última ermitaña fue mi abuela Elena Sabalza Fernández (1888-1962). Casada con Ángel Aibar Ornate quedó viuda y con 2 hijos pequeños cuando sólo tenía 30 años. Siguió viviendo en la pequeña casa adosada al lateral sureste de la ermita, primero con sus hijos hasta su emancipación, y después sola hasta que con más de 70 años de edad y una salud ya deteriorada se bajó a vivir con su hijo Sixto en el Barrio de San Juan, a pesar de que ella se resistía a dejar su “casica” en La Virgen. A partir de este momento su hija María siguió cuidando de la ermita, aunque no con la exclusividad que lo hacía Elena.

Elena tuvo 2 hijos:

-Sixto Aibar Sabalza, que fue sacristán de la Parroquia El Salvador de Luesia, además de carpintero. Se casó con Dolores Gimeno, hermana de Dª Pilar Gimeno, gran maestra de la escuela de niñas de Luesia, que muchas recordamos con cariño y agradecimiento. Aprovecho la aportación hecha por José Alegre, quien cuenta que Sixto, como sacristán, fue durante muchos años el padrino de bautismo de todos los nacidos en el pueblo; la madrina solía ser algún familiar femenino del recién nacido. ¿Cuántos ahijados pudo llegar a tener mi tío Sixto? Sería interesante indagar en los archivos parroquiales de Luesia para conocer este dato. Máxime sabiendo que todos los registros parroquiales posteriores a 1919 siguen depositados en la parroquia El Salvador, según me informó D. Felipe, antiguo sacerdote en Luesia y actual archivero de la Diócesis de Jaca. Sixto y su esposa Dolores emigraron a Zaragoza en la década de los 60, como tantos otros. No tuvieron hijos.

-María Aibar Sabalza, casada con Ignacio Cortés Garcés, de Casa Francho, tuvieron 4 hijos: Antonio, Feli, Carmen y María. Como es natural estaba muy pendiente de la madre y, entre otras muchas cosas, diariamente le subía el agua desde la Fuente Vieja. ¡¡Dura tarea!!

Los nietos subían con mucha frecuencia a estar con su abuela Elena. Las 2 pequeñas cuentan que todas las tardes, a la salida de la escuela, subían con su madre a casa de la abuela Elena, a tomar café con leche; por supuesto, el café era de puchero y la leche de sus propias cabras. Los mayores subían a dormir con la abuela, sobre todo en invierno, recordando haber sufrido algún que otro quemazo con el calentador que la abuela usaba para calentarles la cama…

Elena tenía como compañía a su perra Paloma. También tenía un corral en los bajos de la casa, con 2 cabras y varias gallinas, que eran para ella una buena fuente de alimentación.

Vivir allá arriba, sin agua y disponiendo de una sola y pequeña bombilla para toda la casa, no debió ser fácil, sobre todo cuando las frecuentes nevadas le impedían bajar al pueblo. Nunca se quejó y era feliz en su atalaya, desde donde divisaba todo el pueblo.

Mi abuela Elena era una mujer sencilla y buena, a la que quisimos mucho.”

 

                                                                    Autoría:                                                                                                                                                                           Feli Cortés Aibar, nieta






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