HISTORIA SOCIAL POPULAR. BARRIO EL RINCÓN DE LUESIA. (Los nacidos ahí podéis aportar más historias, fotos, anécdotas... Gracias)
Hoy he quedado en El Rincón, para “charrar y recordar viejos tiempos”, con Anselmo Caraballo Bernal, nacido en 1952 y que mantiene una buena condición tanto física como mental.
Se trata de dar visibilidad a historias populares, historia social, historias de vida de las gentes… que ni nos contaron en la escuela ni aparecen en los libros.
Nos centraremos en nuestra infancia, en los años 50 y 60 y en un barrio muy popular: “El Rincón”.
En aquellos años, la gente vivía de forma muy parecida a cómo lo hacía a principios de siglo XX e incluso mucho antes. España, en general, ha dado un enorme cambio, a mejor en muchos aspectos, en los últimos 60 años. Este relato, se refiere a ese momento “puente” y final de una etapa histórica de subsistencia, previa al gran movimiento migratorio a las ciudades, que ofrecían trabajo e "invitaban " a abandonar el pueblo con sus duras condiciones en busca de una vida mejor.
Para ir a casa de Anselmo, voy por la Calle La Peña, que pudo llamarse antiguamente calle de los Labradores… con las imágenes en la retina, de mis tíos Gerarda y José, “seño” Valero y Vitoriana, la tienda VéGé de Julio y Epifania, seño Domingo de “Alicas” y su hijo Vicente, Paulino y Felicitas, Casa Gatiño, Casa Terraz, Bernabé, Dominguines… y ya oigo ladrar a tres perros, advirtiendo la presencia de un extraño en un territorio tranquilo, relajante… Parece que no vive nadie. He cruzado el pueblo y en las otras calles, el silencio también preside el ambiente. Es lo que hay.
Nos saludamos e iniciamos nuestra conversación, un pelín romántica… renombrando a las 13 humildes familias, apiñadas, y unidas que vivieron en ese callejón sin salida aparente: El Rincón.
Seguimos recordando y recordando; ahora ya, dentro de un auténtico museo etnográfico en torno a un trujal impecable, con centenares de herramientas de aquellos años, no zarrios, como bravanes, vertederas, arados, tablones, arguiños, cuévanos, escardadores, hoces, zoquetas, fencejos, trillos, horcas, retabillos, porgaderos, ganchos, collerones, colleras, albarda, jubo/yugo, pucheros, calderos… Anselmo ha ido restaurando Casa Catalina del Herrero, inundándola de “recuerdos del ayer” en el “serenao”, paredes, mesas… que nos traslada a un tiempo pasado.
Anselmo tiene muy claro que “El Rincón” fue un barrio con identidad propia, singular, en el que todas las familias formaban una auténtica comunidad solidaria de buena vecindad, en tiempo de economía de trueque y subsistencia, pero que aquella unión y ayuda mutua, les ayudó a saber sobrevivir en circunstancias muy adversas, duras y desfavorecidas. Es lo que había. Es la realidad. Ellos, como la mayoría de las gentes del pueblo, supieron sobrevivir como pudieron, pero con dignidad, esfuerzo, trabajando mucho y sabiéndose conformar con lo poco que había.
Se ayudaban unos a otros a “tornapeón”: un hombre ayudaba a otro hombre una jornada de trabajo de sol a sol y otro día, al revés. Puede ser que hasta se compartiera en alguna casa de Luesia, “el fuego”, el fogón separándolo con una piedra. También se dejaba la única caballería de una casa para que con la de otra de otra cas, formaruna “yunta” y poder labrar. Labrar recuejas, varillones, fajones, rincones, un “campico”, una barrera… para el trigo y el pan de cada día; un huerto o recueja para sembrar judías, patatas, cebollas…; un corral con buen montón de leña, el tocino, gallinas, pollos, conejos, las caballerías, alguna vaca… y la cabra para ordeñarla. ( Sin olvidar que era el váter de la casa).
Muy importante resultó el trabajo que el Estado daba desde Patrimonio para “plantar pinos” y desde el llamado Distrito Forestal para ir “a la limpia”. Anselmo era el encargado de cuadricular el terreno con una cuerda de 10m y “cubicar” el trabajo diario de hasta 80 jornaleros, a turno semanal. También vinieron bien los jornales trabajando “a pico y pala” en el Canal de las Bardenas y yendo a segar en los pueblos cercanos. En otros casos, había hombres y mujeres que “servían” y trabajaban en casa de los ricos del lugar, en casa de los amos, en tareas del campo, ganadería… como criados, pastores, guardas… y sirvientas, mal llamadas “chachas o criadas” para limpiar, lavar, coser, cuidar a los críos… Algunos, pagaban el La Hermandad, "el sello", cotizando como trabajadores por cuenta ajena.
En El Rincón, había gente, había ambiente y la vida fluía con algarabía... Todos los críos/as jugaban en la pequeña placeta del fondo del callejón sin salida aparente, a píndola, a correr, a los bolos, a la guerra… El abuelo Vicente García, que era guarda, impedía que nadie se escapase, sentado en el banquero y con su larga gayata… sin que al abuelo Vicente le preocuparan demasiado las caídas, lloros, arañazos, cortezones, las riñas…
¡Anda que no había críos entonces… de varias familias y bien numerosas que vivían ahí! No había televisión para entretenerse y algo había que hacer. La tele llegó en junio del 63, coincidiendo con el entierro del Papa Juan XXIII; las primeras que recuerdo, por supuesto que en blanco y negro y con dos canales, fue en casa de Romualdo y en el Bar del Carpintero.
El agua corriente y alcantarillado empezó a instalarse en los años 40. El primer lavadero con agua corriente lo compartían las 13 familias y el primer váter, también, precisamente en casa de los padres de Anselmo.
El día a día en el pueblo era duro. En el 1955/1956 “no se cogió ni para sembrar” y en invierno pasaron casi un mes sin salir de casa por una nevada descomunal. Algunas familias marchan y, cuando vuelven en varano, parece que las cosas les van bastante bien. Por eso, a finales de los 60, mucha gente emigra del campo a la ciudad: a Zaragoza, Sádaba, Ejea y pueblos de colonización, Barcelona, Navarra, Francia… Marcharon con una mano delante y otra detrás, para ganarse un sueldo cada cual como pudo: “sirviendo” en casas de médicos, abogados, empresarios… como de peones en una floreciente construcción, como obreros en industrias, talleres y fábricas, de pastores, aprendiendo un oficio en lo que fuera… con la ilusión de ahorrar para ayudar en casa, dar una entrada de piso, comprar un piso, un coche, comer mejor, casarse… sin olvidarse nunca de su pueblo.
Muchos/as luesianos/as mantenemos ese vínculo sentimental con el pueblo que nos vio nacer, con nuestra tierra y ellos nos lleva a volver con frecuencia. Algunos/as, tienen la fortuna y la posibilidad de hacerlo casi todos los fines de semana y la aprovechan. Es una de nuestras señas de identidad como hijos/as de Luesia, de la que nos sentimos orgullosos.
La arquitectura de este barrio es original, curiosa y bastante desconocida con pasadizos, casas que se meten en otras, patios compartidos… Uno pensaba que ese callejón no tenía salida. Nada más falso. Todas las casas tienen al menos una salida alternativa, que usarían para escapar, si hiciera falta ante una posible detención por el motivo que fuera. Se puede entrar por una puerta y salir por otra.
Los 10 portales:
Los portales, entrando a la izquierda y al fondo, están el 1, 3 y 5 bajo un mismo pequeño cubierto de entrada.
En el portal 1, vivieron Pascual Caraballo y Rosario Bernal, los padres de Anselmo y Jesús. Además de todas las dificultades de la época, la familia hubo de sobreponerse a la dura enfermedad de Pascual. Por ejemplo, esta casa estaba comunicada con Casa Bernardo.
En el portal 3, Casa Pitelo. Vivieron Gabriel García y Juana García. Familia numerosa. Los hermanos de Juana, Jesús y Luis, tocaban el violín y el saxofón. Recorrían los pueblos de alrededor, con el “Pití” que tocaba la guitarra y les cantaban:
“Vamos a cantar/vamos a bailar/que el “Pití” y los “Pitelos” /han llegado ya”
Andrés, hijo de Gabriel y Juana, que marchó a los 9 años (1965) a Ejea, compone y canta jotas y canciones a su pueblo.
Después, vivieron Cecilio Escabosa e Higinia Duato, que tenían vacas.
En el portal 5, Casa Arnaque, vivió Pablo García y Eleuteria Sabalza, que eran como la mayoría “agricultores por cuenta ajena” y que pagaban su sello en la llamada Hermandad Sindical. Familia numerosa, con 8 hijos.
El portal 7, era Casa Pedrico donde vivían María Jiménez y Julián García. Familia también numerosa con 6 hijos. Anselmo recuerda el día de la boda de Leónides (casada de negro) y Felipe (casado de blanco) en la Virgen del Puyal.
María, de Casa La Morra, fue una mujer luchadora, valiente y trabajadora adelantada a sus tiempos... a la que entusiasmaban los animales y el monte, que recorría montada en su burra buscando cardinchas para los cerdos, lechacinos para los conejos, hierba y espigas para las gallinas…
9.- En el portal 9 había dos viviendas:
9.1) La casa de Juan Miguel Aragüés, el vigilante municipal nocturno, y de Piedad Cortés. Familia numerosa.
9.2) la Casa de Santos Cardiel, Santos de Chaparro y Enriqueta. Luego vivirían aquí Pedro Bernal y Puri Mena, también familia numerosa.
Vamos con los números pares de la derecha, entrando:
El portal 2, Casa Catalina, que ha transformado Anselmo, manteniendo en lo posible el sabor y el gusto por lo antiguo y lo tradicional. El marido de Catalina era de Casa Mayo.
Había una cancioncilla popular:
“Si vas al barrio El Rincón y quieres cobrar barato/salgan Tayo, Lambertico, El Relajau y Pedrico/Concha, Sabo, Pato y Melico Gordo”
En el portal 4, vivió Lucio Barbed y Catalina Tarragual. Se le tenía respeto como guardia de la Hermandad que era. Sus hijos regentaron La Bozada, un bar muy concurrido por luesianos.
En el portal 6, Casa Juan Sixto. Ganadero. Asunción Ezquerra.
Por el portal 8, se entraba a tres casas:
8.1) Casa de la Sra. Agustina de Casa La Morra y el señor Valero de Obispo.
8.2) Casa de Luciana y de Francisco, que disponía de un cuarto llamado “La Zapatería” y que ahora es de Evelyne Loire y anteriormente era Casa Plácido.
8.3) Casa de Vicente García y Concepción, los abuelos de Guillermo y Basi.
En el portal 10 vivían Valentín Garcés, colchonero, y Simona Cortés. Anselmo le ayudaba a picar la viña, vendimiar, hacer el vino…
Anselmo se siente orgulloso y feliz de su infancia. Realmente se necesitaba mucho menos que ahora para vivir. Insiste en que cree que la necesidad agudiza el ingenio. Nada que ver con la vida de muchos niños/as de ahora: lo tienen todo, todo son derechos, y no valoran lo que valen y cuestan todas las cosas, empezando por la comida.
Acabamos la charrada de forma distendida en una terraza, saboreando un buen queso, aunque no nos atrevemos a descorchar la botella de vino cosechero que guarda de la viña de Valentín… bien relajados mirando Monterde, la punta de Santa Cuz, la Leza de Gabriel, los cerros de Val… en un ambiente de sosiego, silencio, paz y tranquilidad.
Anselmo, en un momento determinado, pensó que en Luesia no tenía futuro y, como tantos/as, marchó en busca de otra vida. Con 16 años empezó a trabajar en la gasolinera de León Acín en la Venta El Sotón. Ahí también trabajaron Ricardo Garcés, Marino Acín, Román Sanz… y el sueldo, para Luesia, para casa. Después se especializó en el mundo de la metalurgia… ganaba buen sueldo y, además, hacía 3 horas extraordinarias cada día, “para sus gastos” y disfrutar de Zaragoza y Luesia, los fines de semana. Son los tiempos en que se juntaban los de Luesia por la zona de San Miguel de Zaragoza, en especial por el Bar El Drácula de Artaso… con Rubén, Terraz, Bienvenido, Vicente, Ángel Alegre, Manuel, Jesús Begué…
El trabajo, la responsabilidad, la familia, los amigos, la tradición, la etnografía… y el amor a su pueblo son señas de identidad de Anselmo, al que agradezco haya querido compartir sus recuerdos, para construir este relato que espero guste.
Ahí se queda El Rincón, sin algarabía, en silencio, tristón… porque el tiempo se paró y hay bastantes casas cerradas hace ya muchos años, alguna para arreglar… Quedan muy pocos vecinos: Anselmo, Alejandro, y Ángel Rubio.
¡Quién te ha visto y quién te ve!
Esta reseña la dedicamos a las 13 familias de “El Rincón” y de forma particular al amigo y gran conversador, Manuel Aragüés Cortés, “Relajau”, que seguro haría matizaciones a este escrito.
Puede haber apreciaciones, datos… que seguramente no son del todo correctos. Estaremos encantados en corregir, completar y mejorar este relato.
MªAngeles García Sabalza: Recuerdo como tendían la ropa de la ventana de mi madre Eleuteria a la ventana de Simona con una tranca de madera. También como jugábamos todos a los juegos de antes: nada de comprarlos en las tiendas sino hechos con las manos de nuestros padres. Mi madre me dijo que cuando yo nací, la Sra Simona atendió el parto con mi tía María.
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Isabel Aragües , hija de Manuel "Relajau: Muchas gracias. Y qué razón tienes, te hubiera rectificado en alguna cosica


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Jotas de Andrés García, que compone específicamente para este relato:
Seguimos…y os invito a relatar vivencias de vuestros barrios, que también las hay: La Fuente, Barrio Nuevo, Plaza, El Burgo, Peñeta, El Hospital, San Esteban, San Juan…
Gracias. Luesia 8 de abril de 2026. Alfonso Cortés Alegre.